Por Gabriela Jiménez Ramírez
Las redes sociales se han convertido en un elemento clave en la vida de adolescentes y preadolescentes, lo que ha impactado su desarrollo personal y, en muchas ocasiones, no de la mejor manera.
Es por esta razón que algunos países, como Australia y Francia, comenzaron a prohibir su uso a menores de 16 años, así como España anunció aplicar este tipo de iniciativas en el país, sin embargo, el enfoque debería centrarse en la educación sobre el uso responsable de estas plataformas en lugar de en prohibiciones absolutas.
De acuerdo con un reciente artículo publicado en The Conversation, desde una perspectiva neuroeducativa, se argumenta a favor de una regulación que fomente la autogestión, el acompañamiento adulto y el empoderamiento de los adolescentes.
Esta regulación debe incluir la alfabetización digital, que va más allá del simple uso de dispositivos y aplicaciones; implica aprender a gestionar la relación con el mundo digital, entendiendo cómo las redes sociales afectan las emociones y la identidad. La alfabetización digital debe enseñar a regular el tiempo de conexión y a manejar emociones como la comparación social y la necesidad de validación.
Es crucial que la regulación promueva alternativas al uso de redes sociales, fortaleciendo entornos de socialización presencial, sin estas alternativas, la regulación podría generar un vacío relacional que aumente el aislamiento y la dependencia de lo digital.
La maduración del cerebro adolescente es un factor clave en esta discusión. La corteza prefrontal, responsable de funciones ejecutivas como la toma de decisiones y la autorregulación emocional, aún está en desarrollo durante la adolescencia.
Esto hace que los jóvenes sean más susceptibles a los estímulos emocionales y a las recompensas inmediatas que ofrecen las redes sociales.
Los algoritmos de estas plataformas están diseñados para activar los sistemas de recompensa del cerebro, lo que puede llevar a un uso compulsivo y a la dependencia conductual en adolescentes, quienes carecen de la madurez necesaria para gestionar estos estímulos de manera efectiva.
El aprendizaje de la autorregulación en adolescentes no ocurre de manera natural; requiere modelos de adultos, límites claros, por lo que regular el uso de redes sociales implica crear contextos donde los jóvenes desarrollen habilidades como la gestión del tiempo y el control de impulsos, todo bajo la supervisión consciente de adultos.
Regular el uso de redes sociales no significa censurar, sino educar. Es fundamental que la sociedad, especialmente padres y educadores, reconozca que el desarrollo saludable de los menores requiere entornos digitales responsables y oportunidades de interacción en el mundo real.
«Los likes, los comentarios, las notificaciones y la validación social generan microdescargas de dopamina que refuerzan la conducta de conexión constante», refiere el artículo de investigación.
No se trata de prohibir el contacto con la tecnología, sino de adaptarlo al desarrollo neurobiológico y emocional del adolescente, lo que puede incluir ciertas restricciones.
En Venezuela, contamos con el Programa Nacional Semilleros Científicos, donde fomentamos vocaciones tempranas en áreas como la robótica, la astronomía, la nanotecnología, la inteligencia artificial, la física, la química y la matemática. Esta iniciativa, desplegada en todo el país, resalta el potencial de la agenda científica nacional y ofrece a niños, niñas y jóvenes opciones de desarrollo más allá del entorno digital.