3 min(s) de lectura

Colonialismo digital


Por Gabriela Jiménez Ramírez

Mucho se ha investigado acerca del poder en la era digital y cómo la inteligencia artificial, los algoritmos y los datos masivos están transformando el control social, la democracia y las dinámicas de influencia global.

Entre varios estudios, se encuentra el realizado por Cecilia Rikap, una economista argentina, especializada en política internacional y economía de la innovación, que publicó recientemente su libro «Teoría de la dependencia digital, soberanía y desarrollo en el capitalismo del siglo XXI», donde aborda temas cruciales sobre el poder en la era digital.

En este texto, reseñado por la cuenta de Instagram Faro Digital, Rikap introduce el concepto de «monopolio intelectual», donde grandes corporaciones, además de controlar mercados, se apropian de conocimientos, datos y saberes colectivos, convirtiéndolos en beneficios privados.

Esta acumulación de poder genera una dependencia crítica para los Estados que gestionan servicios esenciales como la salud o la educación con tecnologías que no dominan, relegándolos a la posición de clientes cautivos frente a las gigantes tecnológicas.

La autora, además, cuestiona la idea de que la digitalización implica democratización. A pesar de que millones de personas utilizan las mismas plataformas, esto no garantiza un sistema democrático.

La verdadera democracia radica en la capacidad de decidir sobre la tecnología, sus fines y reglas, un proceso que actualmente está dominado por corporaciones en lugar de la sociedad o los Estados.

«Este modelo de desarrollo y adopción de la IA vuelve dependientes de la nube de Amazon, Microsoft y Google a empresas y a Estados», puntualiza.

Rikap también destaca que la infraestructura detrás de la «nube» no es neutra; implica un extractivismo gemelo que afecta tanto a los recursos naturales como a los datos.

Para ella, la economía digital tiene un impacto ecológico significativo, concentra riqueza y profundiza desigualdades y dependencias.

«Son los centros de datos. Son el ejemplo paradigmático de cómo se da esta dinámica viciosa para las periferias. Cuanto más crecen esas empresas, más datos acumulan y desarrollan modelos más grandes», expresa Cecilia Rikap en una reciente entrevista al portal español Contexto y Acción (CTXT).

En cuanto a materia de la inteligencia artificial, Rikap advierte que, aunque se presenta como una oportunidad, opera bajo una lógica extractivista, donde las periferias producen datos que benefician a gigantes tecnológicos de países desarrollados.

Sin soberanía sobre datos e infraestructura, la IA se convierte en un instrumento de dependencia digital en lugar de desarrollo.

«La IAG (Inteligencia Artificial Generativa) es un negocio potencialmente maravilloso para un puñado de empresas porque el mismo modelo se puede vender más y más, porque se aplica a una gran diversidad de usos», señala en un diario argentino.

En varias entrevistas, la autora subraya que la reflexión central no debería estar en si se desea innovación o no, sino en quién posee el control tecnológico y cuáles son las condiciones bajo las que se implementa. En este sentido, insta a reimaginar un modelo ético y sostenible para el desarrollo tecnológico.

En Venezuela, por ejemplo, todas las iniciativas científicas y tecnológicas están diseñadas con prácticas éticas que priorizan el respeto por la vida, la paz y la estabilidad nacional. Este enfoque busca garantizar la defensa del país bajo valores que promuevan armonía y seguridad.

Hoy en día, los Estados enfrentan el reto esencial de fomentar una cultura científica capaz de defender principios universales como la justicia, la dignidad y la paz. Este desafío es crucial para equilibrar el poder digital frente al creciente dominio corporativo global.