Por: Gabriela Jiménez Ramírez
(Caracas, 24 de mayo de 2026).- El denominado «Proyecto Panamá», publicado recientemente por el portal español Wired, puede considerarse uno de los documentos clasificados más impactantes, en cuanto al desarrollo contemporáneo de la inteligencia artificial.
Concebido por la empresa Anthropic para entrenar a su modelo Claude, el proyecto consistió en adquirir cientos de miles de libros físicos de segunda mano, asociados al conocimiento, la memoria y la cultura; destruirlos mecánicamente y digitalizar su contenido con el objetivo de alimentar modelos de lenguaje avanzados.
Uno de los aspectos de este proyecto es que era totalmente secreto. Desde nuestro punto de vista ético, la transparencia constituye un principio esencial, especialmente cuando estas herramientas tienen un impacto social. Mientras más impacto, mayor debe ser el nivel de transparencia en cuanto a sus métodos de desarrollo.
Cabe destacar que este proyecto salió a la luz por el Washington Post, tras una demanda que recibió Anthropic en septiembre pasado, cuando la empresa fue acusada de infringir los derechos de autor de las obras utilizadas para entrenar sus modelos.
En ese reportaje, cita el portal web español, se presentaron unos documentos judiciales donde se decía que «la empresa se centró casi exclusivamente en el mercado de segunda mano para controlar los costos y mantener un perfil bajo».
La primera librería abordada fue The Strand, una icónica librería independiente fundada en 1927, ubicada en la ciudad de Nueva York, para luego recurrir a minoristas especializados como la estadounidense Better World Books y la británica World of Books.
«Antes de abordar el tema de los libros físicos, se descubrió que Anthropic también se dedicaba a la piratería», reseña el portal web, en donde se agrega que todo esto arrancó en 2021 cuando el cofundador de Anthropic, Ben Mann, descargó personalmente millones de libros de LibGen.
Recordemos que Anthropic había acordado pagar 1.500 millones de dólares para resolver una demanda colectiva de autores y editores, esto, sin conocer hasta los momentos, cuantos volúmenes se habían «destruido» .
Las herramientas de vanguardia, especialmente aquellas basadas en inteligencia artificial, poseen un enorme poder por lo que se requieren marcos éticos que impidan prácticas deshumanizantes.
El texto también deja en evidencia que el problema no es exclusivo de Anthropic. Empresas como OpenAI y Meta han sido señaladas por utilizar materiales protegidos por derechos de autor para entrenar modelos de IA.
La inteligencia artificial representa uno de los avances más importantes del siglo XXI, dado que sus aplicaciones pueden transformar áreas de la vida humana.
No obstante, consideramos primordial el progreso no puede medirse por la capacidad técnica de los sistemas desarrollados, también debe evaluarse por las consecuencias sociales, culturales y éticas de los métodos utilizados para construirlos.
Desde Venezuela, avanzamos en la discusión de un marco jurídico orientado al desarrollo de herramientas tecnológicas, como la inteligencia artificial, basado en principios de soberanía tecnológica, ética pública y defensa de la dignidad humana.