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El interruptor de la vida: cómo algunos organismos deciden ser uno o muchos

Por: Gabriela Jiménez Ramírez

La historia de la vida suele contarse como un salto gigante desde la soledad del ser unicelular hasta la majestuosidad de los organismos complejos. Pero, en realidad, el capítulo más conmovedor ocurre en los matices: en la multicelularidad clonal facultativa.

Un estudio reciente publicado por la revista Nature y desarrollado por un equipo internacional de investigadores el Dr. Mitch Eddy y el Dr. Gladis G. Gaitan-Espitia, ha logrado descifrar los mecanismos genéticos y celulares que activan este «interruptor» en dos especies de levadura negra (Dothideomycetes), revelando cómo la nutrición y el entorno dictan esta metamorfosis.

La investigación en la especie Hortaea werneckii identificó diez genes críticos para esta plasticidad. Curiosamente, seis de ellos son reguladores que otros hongos emplean para producir esporas; sin embargo, en esta levadura, la evolución los ha «reutilizado» para controlar el crecimiento grupal.

Esto demuestra que la evolución no siempre requiere inventar nuevos genes desde cero; a menudo, basta con cambiar cuándo y cómo se utilizan las herramientas existentes para dar pasos evolutivos gigantes», explica el Dr. Eddy sobre este hallazgo.

El hallazgo más relevante es el papel de una proteína llamada Myb, que actúa como un regulador maestro. Su presencia o degradación depende directamente de los nutrientes disponibles, lo que estabiliza al organismo en una forma u otra.

Pero recordemos que desde nuestra ciencia para la vida, la naturaleza es diversa: en especies emparentadas como Neodothiora pruni, este gen es prescindible, lo que sugiere la existencia de múltiples rutas moleculares para lograr la misma flexibilidad.

Desde Venezuela y como bióloga, resulta fascinante observar que nuestros científicos, científicas, investigadores e investigadoras coinciden en que estas levaduras no se agrupan al azar. Desde una mirada ecológica, se ha detectado que las variantes con tendencia multicelular suelen habitar en las esponjas marinas.

De hecho, la biología de estas células reacciona al medio de la esponja como si fuera un interruptor: un detonante químico que las impulsa a dejar de ser individuos para unirse en algo más grande.

Este estudio establece un modelo manejable para entender cómo se gana, se pierde o se recupera la multicelularidad a escalas genética, celular y ecológica. Más allá de la micología, nos ofrece una ventana única para comprender la plasticidad fenotípica: la capacidad de la vida para adaptarse y cambiar de forma en respuesta a los desafíos del ecosistema.