(Caracas, 5 de febrero de 2026).- Desde el Laboratorio de Diversidad Biológica del Centro de Crisis Ambiental Global (CECAG) del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) un grupo de investigadoras desarrrolla un proyecto orientado a evaluar la vulnerabilidad ecológica y social del sistema pesquero artesanal en los estados Sucre, Nueva Esparta y Falcón.
El estudio cuenta con el apoyo del Instituto Socialista de la Pesca y Acuicultura (Insopesca), el Centro Nacional de Investigación de Pesca y Acuicultura (Cenipa) y financiamiento del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología (Fonacit).
Un enfoque socioecológico para comprender el futuro
Alimar Molero Lizarraga, investigadora del Laboratorio de Diversidad Biológica, explicó que el proyecto busca analizar el estado actual del stock de sardinas (Sardinella aurita), principal recurso de pesca artesanal del país, integrando de manera inédita el análisis biológico con la dinámica social y económica de las comunidades.
A diferencia de los estudios tradicionales centrados solo en las capturas, este enfoque reconoce que la sardina es cultura, empleo y seguridad alimentaria. La investigación combina modelos ecológicos que proyectan la biomasa y su distribución bajo escenarios de cambio climático, con diagnósticos sociales que revelan cómo las comunidades enfrentan la vulnerabilidad económica.
Comunidades con historias y realidades distintas
En las comunidades participantes en este estudio, «los resultados indican que las dinámicas locales y ambientales son diferentes entre el Oriente y el Occidente del país. Aun cuando pertenecen al mismo sistema pesquero artesanal, las variaciones ambientales y sociales imprimen características propias en cada región», señaló Molero.
El equipo ha trabajado en comunidades como Guaca, Guatapanare y El Morro en Sucre; Amuay y Las Piedras en Falcón; y Manzanillo, Playa Valdéz, Bella Vista, El Bichar y San Pedro de Coche en Nueva Esparta. Durante los abordajes en campo se evidenciaron contrastes marcados: Por ejemplo en el estado Sucre predomina la captura captura con cierto grado de mecanización mediante máquinas de argolla, mientras que en los estados Falcón y Nueva Esparta se mantiene el tradicional cerco sardinero, una práctica casi centenaria cargada de valor cultural.
Los resultados preliminares muestran que el 80 % de estas poblaciones depende casi totalmente de la sardina para su alimentación y economía familiar. En este sentido, la investigadora Stephani Voelger ha aportado herramientas clave de análisis de datos para correlacionar estas variables, buscando traducir los números en realidades sociales tangibles.
Señales de alerta: el cambio climático y el comportamiento térmico
En relación con las condiciones ambientales, los análisis de temperatura realizados por el equipo —utilizando datos satelitales entre 2002 y 2023— revelan señales de alerta temprana. Se observan patrones térmicos distintos: así las aguas costeras, donde se concentra la pesca, presentan mayor variabilidad que las oceánicas.
Las series de tiempo sugieren una reducción progresiva en la capacidad del sistema costero para recuperarse ante perturbaciones térmicas, indicando una pérdida de resiliencia ambiental. A la par, se registra una creciente variabilidad en las temperaturas máximas, con episodios cálidos más frecuentes.
Molero destacó que estos resultados complementan las observaciones de los pescadores, quienes han notado cambios en el clima, en los patrones de entrada de la sardina a las costas y desplazamientos en sus áreas de distribución. Al comparar Falcón y Sucre, por ejemplo, se evidencian diferencias en la temperatura del agua y en la sincronía entre la presencia del recurso y los períodos de veda.
Hacia la adaptación y la sostenibilidad
«Los resultados respaldan lo que las comunidades ya perciben: las sardinas están ajustando sus hábitos a nuevas condiciones del ambiente. Nuestra labor es entender esas transformaciones con base científica y traducir esa información en herramientas que ayuden a las comunidades a adaptarse y a las autoridades a realizar una ordenación pesquera ajustada a la nueva realidad climática», enfatizó la investigadora.En este proyecto se concluye que, si bien el stock de sardina se considera estable se encuentra cerca de los límites de carga del ecosistema. Por ello, más allá de los datos técnicos, el objetivo final es construir estrategias de adaptación conjuntas que fortalezcan la capacidad de respuesta de los pescadores y pescadoras y garanticen la permanencia de este socioecosistema vital para Venezuela.
Mincyt/Prensa/Con información del IVIC


