Por: Gabriela Jiménez Ramírez
(Caracas, 21 de marzo de 2026).- Un estudio de la Universidad de Exeter demuestra mediante escáneres cerebrales que los poemas estimulan la memoria autobiográfica y provocan reacciones neurológicas similares a las de escuchar una melodía.
Para muchos, sumergirse en un buen poema produce una sensación física de emoción, a menudo descrita como un «escalofrío».
Hoy, la neurociencia ha confirmado que esta reacción no es una simple metáfora literaria, sino un proceso neurológico documentado.
Una investigación liderada por el neurocientífico Adam Zeman en la Universidad de Exeter, publicada en el Journal of Consciousness Studies, ha revelado que el cerebro humano procesa la poesía de una manera radicalmente distinta a como procesa la prosa informativa o los textos cotidianos.
El experimento
Para llegar a esta conclusión, el equipo de investigadores utilizó tecnología de resonancia magnética funcional (fMRI).
Monitorearon la actividad cerebral de varios voluntarios mientras leían diferentes tipos de textos: desde manuales de instrucciones y pasajes de novelas, hasta sonetos clásicos y sus poemas favoritos.
Los resultados mostraron diferencias contundentes en la forma en que las redes neuronales reaccionaban ante cada formato:
El efecto musical: Al leer poesía con una alta carga emocional, se registró una intensa actividad en el hemisferio derecho del cerebro.
Estas son exactamente las mismas áreas que se encienden cuando una persona escucha música que le resulta profundamente conmovedora y que provocan la sensación de «escalofrío» en la columna vertebral.
Viaje a la memoria: Independientemente de si el poema era nuevo o conocido, la lectura de versos activó fuertemente la corteza cingulada posterior y los lóbulos temporales medios. Esta «red de modo por defecto» del cerebro está íntimamente ligada a la introspección, el pensamiento en reposo y la recuperación de recuerdos autobiográficos.
El esfuerzo consciente: A diferencia de la lectura rápida de un periódico, el cerebro reconoció la poesía como un desafío cognitivo, activando áreas que indican que el lector estaba reflexionando activamente para extraer significado de las metáforas y la rima.
Reescribiendo nuestra relación con la literatura
El profesor Zeman destacó durante la presentación del estudio que «la poesía no es solo una cuestión de estilo literario, sino una forma de lenguaje que nuestro cerebro reconoce y procesa como algo especial y distinto».
Este hallazgo cierra la brecha histórica entre el arte y la biología, sugiriendo que la humanidad evolucionó para responder a los patrones, ritmos y estructuras poéticas de una manera profundamente visceral.
La poesía, concluye la ciencia, no solo se lee; se siente físicamente en el mapa neuronal de nuestra mente.