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¿Ruptura o evolución? Microsoft y OpenAI redibujan relación en plena carrera por la IA

Por: Gabriela Jiménez Ramírez

(Caracas, 17 de mayo de 2026).- Hace unas semanas el mundo de la inteligencia artificial se vio sacudida por la decisión de dos de las empresas más importantes del mundo tecnológico. Microsoft y OpenAI anunciaron la finalización de su contrato de exclusividad, el cual había iniciado en 2019.

La ruptura parcial de la exclusividad entre OpenAI y Microsoft marca el paso de un modelo de innovación cerrada hacia uno de expansión infraestructural.

Desde 2019, la dependencia de Azure había configurado una relación simbiótica, sin embargo; el nuevo acuerdo permite a OpenAI operar sobre múltiples nubes, incluyendo potencialmente Amazon y Google Cloud.

Anna Lagos, periodista, profesora y divulgadora de ciencia y tecnología, señala que esta decisión, supone la transformación de la IA en una infraestructura crítica, comparable a la electricidad o internet.

Cuando la inteligencia se convierte en servicio básico, el control sobre quién accede a ella y a qué costo (no solo financiero, sino ético) se vuelve una cuestión de soberanía.

«OpenAI está dejando de ser una startup para convertirse en infraestructura global. Y eso tiene implicaciones para cómo todos vamos a usar y pagar por la IA», expresó Lagos en su más reciente video publicado en la red social Tiktok.

En términos de economía política, esto implica un desplazamiento desde mercados competitivos hacia estructuras oligopólicas donde el control de recursos computacionales, datos y modelos define las jerarquías globales.

Esta noticia, se suma a una que podría ser más sigilosa que es el regreso de Google a los contratos militares.

Tras la histórica protesta de sus empleados en 2018 que forzó el abandono de proyectos bélicos, en este 2025 la cláusula ética ha sido borrada en silencio.

En su blog, Lagos hace referencia a la noticia publicada en las últimas semanas donde el Departamento de Defensa completó acuerdos con ocho compañías de tecnología, incluidas muchas de las más grandes de la industria, para usar sus capacidades de inteligencia artificial en entornos clasificados, impulsando los esfuerzos del Pentágono para obtener acceso a herramientas de inteligencia artificial de vanguardia.

«OpenAI y xAI ya firmaron acuerdos similares el mes pasado. Estamos viendo cómo las grandes tecnológicas se alinean con el poder militar de Estados Unidos en una carrera donde la ética es el primer lastre que deciden soltar», señala.

Ahora ¿en qué afectan estos acuerdos a nuestra región? La carrera de la IA en nuestro continente no se queda atrás. Recientemente, Flex anunció que invertirá mil millones de dólares en Jalisco para proyectos de IA y data centers, lo que podría llegar a posicionar a México en el «Top 6» mundial de hardware.

Si bien podemos hablar de un hito para la inversión extranjera, comienzan a surgir los cuestionamientos de quién paga la factura ambiental. Estas plantas consumen energía equivalente a ciudades enteras. Estamos apostando por ser la «fábrica del mundo» sin una discusión seria sobre nuestra capacidad eléctrica ni el impacto ecológico en territorios que ya sufren estrés hídrico y energético.

Este escenario nos invita a reflexionar sobre cómo la integración de la IA en los sectores estratégicos y militares redefine nuestra posición como ciudadanos y como región ante el nuevo tablero geopolítico mundial.

En Venezuela, desde el Gobierno Bolivariano, estamos trabajando en la creación de un marco legal robusto y sólido que nos permita desarrollar herramientas que respondan a los principios fundamentales de soberanía, ciencia abierta y responsable con el medio ambiente.

Desarrollamos un Código de Ética para el Desarrollo y Aplicación Responsable de la Inteligencia Artificial que establece un marco regulatorio basado en nueve principios fundamentales. Nuestro objetivo es asegurar que todos los desarrolladores, investigadores y usuarios utilicen esta herramienta tecnológica para el bien común.