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Cidata invita a comprender la sismicidad de la Tierra desde una perspectiva astronómica

(Caracas, 15 de julio de 2026).- La Fundación Centro de Investigaciones de Astronomía y Tecnologías Aplicadas Francisco J. Duarte (Cidata) invita a mirar la sismicidad desde una perspectiva astronómica: además de la tectónica de placas, las interacciones gravitacionales con el Sol y la Luna y fenómenos como las mareas terrestres y el bamboleo de la rotación, contribuyen a modular el momento en que se liberan energías sísmicas.

«La ciencia contemporánea nos ha enseñado que la Tierra es un sistema dinámico e interconectado. Al hablar de terremotos, el enfoque tradicional se centra en la tectónica de placas: el movimiento de los fragmentos de la litosfera, impulsado por la convección del manto, que acumula tensiones hasta liberarlas de forma abrupta», destacó el jefe del Departamento de Divulgación Científica de la Fundación CIDATA, el M.Sc. Ángel Díaz.

El especialista también añadió que este modelo explica con éxito la distribución de la sismicidad; sin embargo, se suele pasar por alto que la Tierra es, ante todo, un planeta rocoso en el sistema solar.

«La sismicidad, aunque impulsada por procesos internos, es una manifestación de la vida de un planeta en constante interacción con el Sol, la Luna y su entorno. Para comprenderlo, debemos viajar desde su origen como cuerpo diferenciado hasta las sutiles influencias de las mareas y los bamboleos de su rotación», expresó.

Una mirada al pasado de la Tierra

Ángel Díaz recordó que la Tierra se formó a partir del disco protoplanetario que rodeaba al joven Sol y que durante sus primeros millones de años, la diferenciación planetaria (impulsada por el calor de las colisiones, la compresión gravitacional y la desintegración radiactiva) fundió gran parte de su masa, permitiendo que los elementos pesados, hierro y níquel, se hundieran para formar el núcleo, mientras que los silicatos ligeros ascendieran para crear el manto y la corteza.

«En este océano primigenio, los elementos pesados, hierro y níquel, se hundieron para formar el núcleo, mientras que los silicatos ligeros ascendieron para crear el manto y la corteza, conformando así la estructura en capas que hace posible la tectónica de placas. El núcleo terrestre, con su parte interna sólida y externa líquida, no solo genera nuestro campo magnético, sino que es el motor térmico que impulsa la convección del manto», explicó.

Asimismo, Díaz señaló que esta estructura en capas es una característica vinculada a la posición de la Tierra en el sistema solar y que planetas gigantes gaseosos como Júpiter o Neptuno carecen de un manto convectivo rocoso, por lo que «los terremotos, en el sentido terrestre, no existen».

Interacción Sol‑Tierra‑Luna y efectos sobre la sismicidad

La atracción gravitacional del Sol y la Luna deforma no solo los océanos sino también la Tierra sólida.

Díaz relata que, las llamadas mareas terrestres deforman la corteza entre 30 y 55 centímetros dos veces al día, y aunque estos esfuerzos de compresión y tensión son minúsculos comparados con las fuerzas tectónicas, la evidencia científica indica que pueden influir en la ocurrencia de sismos cuando una falla se encuentra en un estado de estrés crítico, al borde de la ruptura.

«Estudios muestran correlaciones significativas entre las fases de estas mareas y ciertos terremotos. Los de tipo inverso (por compresión) son más frecuentes durante la pleamar (mayor carga gravitacional); mientras que los normales (por extensión) tienden a ocurrir en la bajamar. Las mareas no generan la energía, esta proviene de la tectónica, pero actúan como el detonante que marca el momento preciso de la liberación», expuso.

Además, alegó que la Tierra experimenta movimientos de rotación complejos —precesión, nutación y el Bamboleo de Chandler— que modulan la distribución de masas y podrían resonar con procesos geodinámicos. «Hay investigaciones que sugieren una sutil relación o resonance entre la liberación de energía sísmica y este ‘bamboleo’ polar, revelando que la rotación y la geodinámica forman un único sistema dinámico», dijo.

Comparaciones planetarias

El investigador también narró que «la sismicidad comparada refuerza este principio universal. Datos de la misión InSight en Marte, por ejemplo, vincularon los movimientos internos en este planeta con esfuerzos generados por los cambios estacionales. En la Luna, los sismómetros del programa Apolo demostraron que los lunamotos profundos están modulados por las mareas gravitacionales terrestres en ciclos de 13,6 y 27 días».

De allí concluye que un terremoto no es un simple fallo de la corteza, sino la manifestación de un planeta en perpetua interacción con el cosmos; el pulso de un mundo que se estremece por su calor interno y por la danza gravitacional que lo moldea desde su nacimiento.

«Esta perspectiva astronómica no reemplaza a la geología, la enriquece, recordándonos que nuestro hogar es, fundamentalmente, un planeta en el universo», finalizó.

Mincyt / Prensa / Cidata