(Caracas, 12 de octubre de 2026).- En el Laboratorio de Química de Metales de Transición del Centro de Química del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología (Mincyt), los estudios avanzan por dos caminos que, a primera vista, parecen alejados: la preparación de compuestos organometálicos con aplicaciones biológicas y electrónicas, y el estudio profundo del cemento.
María Cristina Goite, jefa del Laboratorio, explica que ambas líneas están unidas por la química y comparten un propósito común: generar soluciones concretas para la sociedad venezolana.
El cemento suele reducirse a su función como material de construcción. Sin embargo, según la investigadora, detrás de esa apariencia sencilla existe una química compleja que determina sus propiedades mecánicas y estructurales. “Conocerla resulta indispensable para decidir si puede emplearse en la construcción civil o como material en el ambiente”, destacó.
Conchas de ostras para el mar
Una de las líneas más destacadas del laboratorio busca utilizar el cemento como sustrato artificial para el asentamiento de organismos marinos. El proyecto comenzó en 2024 y ha crecido gracias a la colaboración con la Fundación para el Desarrollo Nacional (Fudena), ubicada en el Parque Nacional Morrocoy.
La institución aporta conchas de ostras que se incorporan al diseño de la matriz cementante. Para Goite, esta elección responde a una lógica natural. “Sabemos que en el mar todo se recicla, por lo que el uso de conchas de ostras como fuente de calcio es un material muy atractivo”.
Con ese material, el equipo ha elaborado probetas en las que se han variado las fuentes de calcio para modificar sus propiedades texturales. Actualmente realizan ensayos de laboratorio para evaluar su desempeño y, más adelante, esperan llevar la investigación al campo en costas de Aragua, especialmente en zonas donde el coral invasor Unomia stolonifera todavía no ha llegado.
La meta es contribuir a la recuperación de la cobertura de coral vivo. Eso permitiría aumentar la biodiversidad, mejorar las oportunidades de las comunidades pesqueras y renovar el valor turístico de los fondos marinos.
Goite también agrega que el proyecto tendría un beneficio menos visible: los arrecifes ayudan a reducir la energía y la fuerza de las olas, por lo que su recuperación puede proteger a las comunidades costeras en un escenario de avance del cambio climático.
Cemento que captura CO2
La segunda línea se concentra en la carbonatación acelerada del cemento, un proceso orientado a mitigar el impacto ambiental de una de las industrias más contaminantes del planeta. Goite recuerda que el sector cementero aporta “casi o más del 6% de las emisiones anuales de CO2 globales”.
Entre las estrategias de mitigación se encuentra usar menos cemento nuevo o aprovechar escombros cementicios. No obstante, estos residuos deben tratarse previamente para mejorar su química interfacial con las distintas fases del cemento y poder incorporarse a la matriz.
La carbonatación ocurre de manera natural durante toda la vida del cemento. Lo que hace el laboratorio es crear condiciones para acelerarla. “Esa carbonatación acelerada es simplemente la reacción del CO2 ambiente con el agua que está en los poros del cemento y con el hidróxido de calcio”, explica la investigadora.
Ese proceso permite sellar microfracturas, mejorar las propiedades mecánicas del material y evitar la corrosión. Como resultado, puede alargarse la vida útil de las estructuras cementantes y reducir la necesidad de reemplazos.
“Estos proyectos nos permiten aportar soluciones concretas y tangibles tanto al sector de la construcción civil como a las comunidades pesqueras, al tiempo que contribuyen a mejorar la biodiversidad de nuestras costas”, concluyó Goite.
Prensa Minvyt / EB / Fotografías: A








