3 min(s) de lectura

De la nube a la Tierra: La infraestructura tecnológica y la crisis de la racionalidad moderna

Por: Gabriela Jiménez Ramírez

El peso físico del mundo digital

La supuesta inmaterialidad de la era digital se sostiene sobre una infraestructura física que crece exponencialmente: la capacidad global de los centros de datos pasará de 21.4 GW en 2005 a una estimación de 114.3 GW para finales de 2025 .

Este consumo masivo, donde un megavatio equivale a un millón de vatios , es liderado por las «Big Tech»: AWS y Microsoft Azure dominan el mercado de la nube, mientras que Google posee el mayor número de centros físicos .

Por su parte, Meta opera una cantidad menor, concentrando 20 de sus instalaciones en EE. UU. y manteniendo una presencia mínima en Asia y Europa .

Esta expansión tecnológica depende críticamente de las tierras raras, 17 elementos químicos esenciales para el hardware de la inteligencia artificial (IA), como los imanes de neodimio para la robótica, el europio para pantallas y el lantano para baterías .

La cadena de suministro genera tensiones geopolíticas, ya que China controla el 70% de la producción y el 90% del procesamiento de estos minerales . Irónicamente, se utiliza la propia IA para optimizar la minería de estos recursos, buscando eficiencia mediante réplicas digitales .

La crisis ambiental como crisis de civilización

Más allá de los datos técnicos, esta voracidad por recursos refleja lo que el filósofo y economista Enrique Leff define como el «desquiciamiento del mundo» .

No enfrentamos una simple catástrofe ecológica, sino una crisis de la civilización occidental y de la racionalidad de la modernidad .

El conocimiento científico se ha vuelto contra el mundo, interviniéndolo y dislocándolo a través de una «razón anti-natura» que cosifica al ser y sobreexplota la naturaleza .

La racionalidad moderna se carcome sus propias entrañas, socavando las bases de sustentabilidad de la vida. Frente a esto, la racionalidad ambiental emerge no como un nuevo paradigma científico rígido, sino como un saber que cuestiona la sobre-economización del mundo y los excesos del pensamiento utilitarista .

Hacia una nueva racionalidad y ética

La construcción de la sustentabilidad implica diseñar nuevos mundos de vida y una «política de la diferencia» .

Es un proceso de emancipación que requiere descolonizar el saber sometido al dominio globalizador para fertilizar los saberes locales .

Finalmente, se propone una ética de la otredad que, en lugar de reducir y excluir al adversario, explore la convivencia y el enigma de la existencia, movilizando acciones solidarias y la erotización de la vida frente a la muerte entrópica del planeta.

Quizás el desafío definitivo no resida en cuántos megavatios somos capaces de gestionar, sino en si tendremos la sabiduría para detener el ‘desquiciamiento del mundo’ y transitar de una razón que domina a una ética que ‘desea la vida’, reencontrando el sentido de nuestra existencia en la convivencia con el otro.