Por.- Gabriela Jiménez Ramírez
(Caracas, 10 de marzo de 2026).- La neurotecnología es un campo en rápido crecimiento con inversiones públicas y privadas superando los millones de dólares, reflejado en un aumento significativo de patentes en el área.
Originalmente enfocada en necesidades clínicas, la neurotecnología ahora se integra a dispositivos de consumo que buscan optimizar funciones cognitivas y medir variables como el estrés y la calidad del sueño.
Esta expansión representa tanto oportunidades como riesgos.
En entrevista con WIRED en Español, José Manuel Muñoz, director de Neurotecnología en el Centro Internacional de Neurociencia y Ética (CINET) de la Fundación Tatiana, resalta la falta de regulaciones claras para el uso cotidiano de estas tecnologías, lo que plantea desafíos éticos y de gobernanza.
«Durante años hemos hablado de principios éticos y neuroderechos, pero ahora el reto es diseñar herramientas concretas de gobernanza que permitan llevar esos principios a la práctica», indicó Muñoz.
Tal y como lo dice en la entrevista, es necesario construir espacios de diálogos y de propuestas en los países, para mitigar los posibles riesgos derivados de la expansión de la neurotecnología.
Muñoz advierte sobre los riesgos asociados a los «neurodatos», que son extremadamente sensibles y pueden ser reidentificables, lo que abre la puerta a usos no autorizados.
Ejemplos en el ámbito laboral y educativo ilustran cómo estas tecnologías pueden ser utilizadas para monitorear la productividad y la atención, lo que plantea preocupaciones sobre la privacidad y la hipervigilancia.
La protección de los neurodatos debe ser prioritaria en cualquier política relacionada con la neurotecnología. Es esencial establecer protocolos de intercambio de datos que aborden su gestión integral, desde la recolección hasta la eliminación.
Por eso, desde el Gobierno Bolivariano, se presentó recientemente el Código de Ética para el Desarrollo y Aplicación Responsable de la Inteligencia Artificial, con el objetivo de orientar el uso de estas tecnologías, bajo principios éticos y en beneficio del bien común.
El documento establece nueve principios que servirán como guía para el uso ético de esta tecnología, teniendo como uno de sus elementos fundamentales la privacidad, garantizando así la protección de la información personal y el control sobre los datos.
Además, participamos en la creación del primer marco normativo global de la Unesco sobre ética en neurotecnologías, donde propusimos incluir la defensa de la neurodiversidad, la protección de derechos ante condiciones cognitivas y el respeto a saberes ancestrales.
En un mundo donde los datos personales son un activo invaluable, garantizar la privacidad en el desarrollo de nuevas tecnologías no solo protege a los individuos, sino que también fortalece la credibilidad y sostenibilidad de estas herramientas.
Desde Venezuela, creemos en el desarrollo tecnológico alineado con los valores humanos y sociales, asegurando un futuro donde la innovación y la ética coexistan.