2 min(s) de lectura

La Memoria Viva de la Tierra

Por Gabriela Jiménez Ramírez:

(Caracas, 20 de enero de 2026). – La Alianza Científico-Campesina trasciende la idea de un simple programa agrícola para revelarse como el encuentro vital entre la innovación tecnológica y la sabiduría ancestral de nuestras manos laboriosas.

Nace de la convicción profunda de que el conocimiento no es patrimonio exclusivo de los laboratorios, sino que reside también en la memoria de nuestros pueblos.

Esta visión humanista permitió que el 2025 fuese un año de cosecha histórica, donde 36 núcleos semilleristas se convirtieron en guardianes de nuestra identidad, rescatando y multiplicando rubros esenciales como la papa, el maíz y el café, devolviéndonos la autonomía sobre lo que somos y lo que producimos.

Este tejido inquebrantable entre comunidad, ciencia y territorio ha logrado que Venezuela florezca ante los ojos del mundo con dignidad propia.

La designación del Centro de Biotecnología Cebisa como centro categoría II de la UNESCO —único en su nivel a escala global— no es solo un logro técnico, sino la validación internacional de una ciencia puesta al servicio de la vida y del pueblo.

Es la demostración tangible de que, cuando el rigor científico se abraza con el saber del campo, construimos un modelo soberano, resiliente y capaz de proyectar nuestra grandeza más allá de las fronteras.

De cara al 2026, entendemos que cada surco abierto es un acto de fe y una declaración de amor por nuestra historia. La semilla nos recuerda que no hay futuro sin raíces y que la verdadera defensa de la nación comienza en la tierra cuidada.

Desde el conocimiento compartido, seguimos cultivando una patria que no se rinde, que florece desde adentro y que reafirma, en cada siembra, su derecho irrenunciable a ser libre y soberana.

«Sigamos sembrando patria con la certeza de que, en cada semilla que protegemos, habita la libertad inquebrantable de Venezuela.»